Nos interesa lo que llega al plato, naturalmente,
pero también todo lo que existe detrás de él.
El producto y quien lo cultiva, lo pesca o lo
elabora. El mercado donde lo encontramos. La receta
que alguien aprendió de sus mayores. El paisaje del
que procede y la historia que explica por qué
seguimos cocinándolo.
Somos canarios y nuestra forma de entender la cocina
nace de estas islas. Del mar y de las medianías,
de los productos de temporada, de los sabores que
reconocemos desde siempre y de una despensa que
merece ser conocida, respetada y disfrutada.
Nos gusta conservar esa memoria, pero no convertirla
en una pieza de museo.
Porque también creemos que la tradición está viva.
Se puede investigar, interpretar, probar cosas nuevas
y llevar un producto de siempre por caminos distintos
sin perder de vista de dónde viene. Cocinar también
es tener curiosidad.
Y luego está la mesa. Para nosotros quizá sea lo más
importante. Una receta alcanza todo su sentido cuando
deja de pertenecer a quien la cocina y empieza a
pertenecer a quienes la comparten. Alrededor de una
mesa se habla, se aprende, se discute, se recuerda,
se brinda y, sobre todo, se crean recuerdos nuevos.
Por eso la Taifa nunca ha querido ser simplemente
un grupo de personas que se reúne para comer.
Cocinamos porque nos gusta cocinar, pero nos reunimos
porque nos gusta estar juntos. La gastronomía es
nuestro punto de encuentro.